-¿Has visto -preguntó- los retratos de mis antepasados en las paredes de la casa? ¿Has visto a mi madre y a Felipe? ¿Alguna vez has posado la mirada sobre ese cuadro que cuelga cerca de tu lecho? La que está retratada en él hace muchos años que murió, y en vida hizo mucho mal; pero mírala de nuevo: es mi mano hasta en el menor detalle, son mis ojos y mi cabello. ¿Qué es, entonces, mío y qué soy yo? ¿Qué, si no hay una sola línea de este pobre cuerpo mío (que tú amas y en nombre del cual locamente sueñas que es a mí a quien quieres), ni un solo gesto que pueda yo hacer, ni una mirada de mis ojos, no, ni siquiera ahora que le hablo al ser amado, que no haya pertenecido a otros? Otras, muertas generaciones atrás, han contemplado a otros hombres con mis ojos; otros hombres han escuchado las plegarias de la misma voz que ahora resuena en tus oídos. Las manos de la muerta está sobre mi pecho; ellas me mueven, ellas me atraen, ellas me guían; soy una marioneta que ellas dirigen, y reencarno rasgos y atributos que hace tiempo se apartaron del mal para reposar en la quietud de la tumba. ¿Es a mí a quien amas, amigo, o es a la estirpe que me engendró? ¿A la muchacha que ignora y que es incapaz de responder por la más ínfima parte de su ser o a la corriente de la cual ella es transitorio parásito, al árbol del cual ella es fruto efímero? La estirpe existe; es antigua, pero a la vez joven y siempre nueva; lleva su eterno destino en el pecho; en ella , como las olas en el emar, los individuos suceden a los individuos, engañados con una semblanza de voluntad propia, aunque no sean nada. Hablamos del alma, pero el alma está en la estirpe.
El comandante a Olalla, en "Olalla", incluido en "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde".
Autor: Robert Louis Stevenson.
Traducción: Juan Carlos Silvi.
Editorial: Ediciones B, S.A., 2006.
Páginas: 124 y 125.
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